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Enfermedad de Crohn, Colitis Ulcerosa y … ¿Probióticos?

La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa son dos enfermedades autoinmunes en las que el sistema inmunitario ataca equivocadamente al tracto gastrointestinal provocando síntomas como inflamación, diarrea, dolor abdominal, sangre en heces, etc.

El tratamiento actual va destinado a mejorar estos síntomas a través de antiinflamatorios y corticoides, pero esta estrategia terapéutica no es igual de efectiva en todos los pacientes. Es por ello que se buscan nuevas alternativas más efectivas.

Para proponer nuevos tratamientos es preciso conocer la causa de la enfermedad.

Estas enfermedades presentan un origen algo incierto, pero todo apunta a la combinación de 3 factores; la genética, el sistema inmune y factores ambientales (entre ellos, la alteración de la microbiota).

La microbiota está compuesta principalmente por bacterias que viven en el intestino y que realizan una serie de funciones que benefician al huésped. Las principales funciones son:  nutrición y metabolismo (producción de vitaminas, facilitar la absorción del hierro y el calcio), protección (previniendo la invasión de agentes infecciosos o el sobrecrecimiento de especies residentes con potencial patógeno) y modulación del sistema inmune.

Un microbioma desequilibrado origina la pérdida de esas funciones, provocando daños en la propia mucosa intestinal pudiendo causar patologías inflamatorias e incluso exacerbando aún más la respuesta inmunitaria debido al papel importante que juega la microbiota regulando la inmunidad. El restablecimiento del microbioma puede ser una vía para paliar los síntomas de estas enfermedades, ya que se recuperarían las funciones de los microorganismos en el organismo humano.

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Los agentes capaces de recuperar el equilibrio de la microbiota son los probióticos.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) define los probióticos como “microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, ejercen un efecto beneficioso sobre la salud del consumidor”. Los probióticos pueden ser una buena opción terapéutica en estas enfermedades, ya que restablecen la microbiota y, por ende, regulan el sistema inmunitario y previenen la inflamación.

Varios estudios ponen de manifiesto resultados alentadores en ambas enfermedades tanto en tratamiento solo con probióticos como en tratamiento combinado junto a antiinflamatorios o corticoides. Sin embargo, la evidencia de su papel beneficioso no es tan sólida como en enfermedades gastrointestinales tales como la diarrea del viajero y el síndrome de intestino irritable. En el caso de la enfermedad de Crohn y de la colitis la heterogeneidad de los estudios en cuanto a tipo de cepas ensayadas, tiempo de tratamiento e incluso la dosis administrada hacen difícil una recomendación general. En este sentido, la EFSA manifiesta la falta de evidencia científica sólida para poder hacer recomendaciones generales a nivel poblacional en cuanto al tratamiento con probióticos en estas dos patologías.

Como conclusión, los probióticos sí que tienen buenos resultados para la reducción de síntomas de estas enfermedades, pero deberían realizarse proyectos de investigación teniendo unos criterios unánimes, para poder alcanzar resultados más sólidos y así poder valorar su empleo como opción terapéutica de interés.

María Maestre Barquín, Graduada en Farmacia y Nutrición Humana y Dietética.

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