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¿Podemos mejorar los hábitos alimentarios de nuestros niños?

Los hábitos alimentarios se forman durante la infancia y se consolidan en la edad adulta. Estos influyen en el desarrollo de futuras enfermedades como la diabetes, hipertensión o la enfermedad cardiovascular, entre otras. Por ello, la Organización Mundial de la Salud recomienda la adquisición de unos hábitos alimentarios saludables desde edades tempranas [1-3].

En la alimentación de los niños/as tanto la familia como la comunidad educativa y el entorno juegan un papel esencial. Los niños/as tienden a reproducir las conductas alimentarias que observan en casa. Por tanto, es vital que desde el entorno familiar se fomenten buenos hábitos de consumo. Por ejemplo, se ha demostrado que cenar en familia se asocia a dietas de mayor calidad, con un mayor consumo de frutas y verduras y menos frituras, refrescos y alimentos ricos en grasas saturadas y trans [3-5].

Por otro lado, la disponibilidad y acceso a alimentos saludables en el hogar es otro factor clave en el camino hacia una dieta de calidad. Se ha observado que el consumo de frutas y verduras aumenta cuando estas están disponibles, incluso cuando la preferencia hacia ellas es baja [6].

Sin embargo, se ha observado que la gran mayoría de niños/as no cumplen las recomendaciones de las guías alimentarias, consumiendo bajas cantidades de pescado, frutas, verduras y alimentos ricos en fibra; y altas cantidades de alimentos ricos en azúcar y grasas saturadas. Un reciente estudio de alimentación llevado a cabo en escolares navarros (estudio ALINFA), mostró al evaluar la calidad de la dieta mediante el cuestionario validado KIDMED index, que el 58% o bien presentaba una dieta de calidad baja o necesitaba mejorar su patrón de alimentación, necesitando aumentar el consumo de frutas, verduras, lácteos y frutos secos y reducir el de bollería industrial.

Imagen de Pixabay

No debemos olvidar que además de seguir una dieta adecuada, es importante también la práctica de ejercicio físico. El objetivo de salud a alcanzar debería ser un estilo de vida activo y saludable. En este grupo de población es indispensable controlar el tiempo de pantalla (ordenador, videojuegos…).

En este contexto, se están desarrollado distintos estudios para mejorar la calidad de la dieta de la población infantil, y aunque queda mucho por hacer, los resultados parecen ser prometedores. Algunas de estas intervenciones nutricionales además produjeron reducciones en peso, circunferencia de la cintura y grasa corporal en población escolar. Por tanto, podemos concluir que mejorar la alimentación de los niños/as, y consecuentemente su estado nutricional, es posible [7-10].

Para finalizar, os dejamos algunas claves para favorecer la consecución de un buen estado nutricional y por tanto una mejor salud en nuestros niños:

  1. Seguir una alimentación variada y equilibrada que incluya todos los grupos básicos de alimentos
  2. Exposición repetida a todos a los grupos de alimentos de interés, atendiendo a la conformación del gusto.
  3. Predicar con el ejemplo: toda la familia debe consumir los mismos alimentos y siempre que sea posible juntos.
  4. Aumentar o reducir el acceso a alimentos en función de si son saludables o no.
  5. Evitar el entorno obesogénico, reduciendo el tiempo de pantallas y fomentando la práctica de actividad física.

Referencias:

  1. Shrestha, R.; Copenhaver, M. Long-Term Effects of Childhood Risk Factors on Cardiovascular Health During Adulthood. Clin. Med. Rev. Vasc. Heal. 2015, 7, 1–5, doi:10.4137/cmrvh.s29964.
  2. Mikkilä, V.; Räsänen, L.; Raitakari, O.T.; Pietinen, P.; Viikari, J. Longitudinal changes in diet from childhood into adulthood with respect to risk of cardiovascular diseases: The Cardiovascular Risk in Young Finns Study. Eur. J. Clin. Nutr. 2004, 58, 1038–1045, doi:10.1038/sj.ejcn.1601929.
  3. Centers for Disease Control and Prevention School health guidelines to promote healthy eating and physical activity. MMWR 2011, 60, 1–76
  4. , E.; Vander Ploeg, K.; Chu, Y.; Storey, K.; Veugelers, P. The influence of parental encouragement and caring about healthy eating on children’s diet quality and body weights. Public Health Nutr. 2016, 19, 822–829, doi:10.1017/S1368980015002049.
  5. Gillman, M.; Rifas-Shiman, S.; Frazier, A.; Rockett, H.; Camargo, C.; Field, A.; Berkey, C.; Colditz, G. Family dinner and diet quality among older children and adolescents. Arch. Fam. Med. 2000, 9, 235–240, doi:10.1001/ARCHFAMI.9.3.235.
  6. Story, M.; Kaphingst, K.; Robinson-O’Brien, R.; Glanz, K. Creating healthy food and eating environments: policy and environmental approaches. Annu. Rev. Public Health 2008, 29, 253–272, doi:10.1146/ANNUREV.PUBLHEALTH.29.020907.090926.
  7. Bartelink, N.H.M.; van Assema, P.; Kremers, S.P.J.; Savelberg, H.H.C.M.; Oosterhoff, M.; Willeboordse, M.; Van Schayck, O.C.P.; Winkens, B.; Jansen, M.W.J. One- and two-year effects of the healthy primary school of the future on children’s dietary and physical activity behaviours: A quasi-experimental study. Nutrients 2019, 11, doi:10.3390/nu11030689.
  8. Andueza, N.; Navas-Carretero, S.; Cuervo, M. Effectiveness of nutritional strategies on improving the quality of diet of children from 6 to 12 years old: a systematic review. Nutrients 2022, 15, 14(2), 372. doi: 10.3390/nu14020372.
  9. Vik, F.N.; Heslien, K.E.P.; Van Lippevelde, W.; Øverby, N.C. Effect of a free healthy school meal on fruit, vegetables and unhealthy snacks intake in Norwegian 10- To 12-year-old children. BMC Public Health 2020, 20, doi:10.1186/s12889-020-09470-2.
  10. Li, B.; Pallan, M.; Liu, W.J.; Hemming, K.; Frew, E.; Lin, R.; Liu, W.; Martin, J.; Zanganeh, M.; Hurley, K.; et al. The CHIRPY DRAGON intervention in preventing obesity in Chinese primaryschool-aged children: A cluster-randomised controlled trial. PLoS Med. 2019, 16, doi:10.1371/journal.pmed.1002971.

Por Naroa Andueza, Graduada en Nutrición Humana y Dietética y Doctoranda del PD Alimentación, Fisiología y Salud.

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